Tiempo de lectura:
Última revisión:
La palabra sumeria Anunna o Anunnake (en acadio Anunnaku y Anunnaki) presenta no pocas dificultades etimológicas. Su nombre se escribía fonéticamente con el significado probable de “raza de príncipes”, “progenitura del príncipe” o “prole del cielo” (Anunna gidene). La misma fue utilizada en los primeros textos del tercer milenio como vocablo para definir en general a “los dioses” y en particular a los primeros dioses y diosas creados, que no se llegaron a diferenciar con nombres individuales (siempre fueron citados en grupo) y que carecían de funciones concretas. Aunque los sacerdotes del primer milenio elaboraron una teología sobre la identidad, funciones y numero de los Anunna, estos constituyeron de hecho “la multitud de los dioses del cielo y de la tierra”. Desconociéndose el acto creador que los origino, fueron, sin embargo, considerados como protectores divinos, puestos bajo el control del dios An (abuilani, “el padre de los dioses”) que paso a ser designado como “Rey de los Anunnaki”, al argumentar que fueron una creación de tal dios, según un texto sumerio. Mas tarde, cuando Enlil, dios que portaba siete títulos, se hizo con la jefatura del panteón, desplazando a An, se argumento que los Anunnaki habían nacido de las lágrimas de tal dios.
En su origen los Anunna, nombre que fue alargado con el elemento /-ki/ de acuerdo con la interpretación sumeria de su nueva función, conectada con la “tierra” (ki) o con el “Mas Alla” o simplemente porque tal nombre precisaba la construcción de un genitivo que requería el sufijo /-ke/ (luego transformado al acadio como /-ki/), aparecieron “como hormigas de las grietas de la tierra”. Formaron, sin que se sepa cómo, la clase de los mas importantes entes divinos, denominados “Grandes dioses” (dingir galgalene), los mas poderosos, “los de arriba”, esto es, “los del cielo”. Pronto pasaron a formar parte de algunos de los panteones sumerios (casos de Eridu, Lagash y Nippur), incorporados a ellos con diferente numero de componentes (se hablaba de 5, 8, 50, 300 y 600). Al parecer también llegaron a trabajar físicamente, según el poema acadio Enuma Elish, participando durante un año en la construcción del templo Esagil de Babilonia y en sus propias residencias, bajo la dirección de Marduk.
La tradición acadia añadió a los Anunnaki, considerados en el precitado poema como “dioses del cielo y de la tierra”, unas nuevas divinidades, los Igigi (o Igigu), asimismo de origen incierto. El nombre Igigi se escribió o fonéticamente o mediante algunos ideogramas sumerios, como Nungalene, “los grandes príncipes” o con el signo equivalente a 600. Estos príncipes no fueron recogidos en los primeros textos sumerios, ni tampoco en el Himno al templo Eninnu de Gudea de Lagash, que si citaba a los Anunna de Lagash, participando en la impartición de justicia en la Guenbarra, un salón del sector del Trono de tan famoso templo. Los Igigi si fueron citados en el poema sobre La Muerte de Gilgamesh, en el cual el rey de Uruk, tras su suicidio, una vez llegado al reino de Ereshkigal, presento diferentes ofrendas a otros tantos dioses, entre ellos, a los Anunna del Duku (la “Santa Colina”) y a los Nungalene (los Igigi) del mismo mítico lugar.
Estos nuevos dioses, creación totalmente acadia, fueron en su origen los dioses “de trabajo”. Los Igigi, según el poema acadio Atramkhasis, fueron obligados a trabajar para mantener a los Anunnaki. Sin embargo, abrumados por la tarea, terminaron por sublevarse, quemaron sus útiles y asediaron en palacio de Enlil, el rey de todos los Anunnaki.
Sim embargo, por razones que se ignoran el nombre Igigi (siempre en plural y de significado muy incierto) paso a designar especialmente a “los dioses del cielo” y el de Anunnaki a “los dioses de la tierra” (ki) y del Mundo Inferior (Arallu), constituyendo, sin embargo, ambos estamentos divinos en complejo de “todos los dioses”. El numero de los Igigi se fijo en 600. Este ultimo numero era el resultado del numero 5 (ia) multiplicado por el 60 (gish) mas otros 60 (gish). Es decir, 5 por (60 + 60), lo que equivalía a 600. Es probable que Igigi sea la lectura del ideograma V + II, esto es, Ia-gish-gish.
De acuerdo con el Enuma elish fue Marduk quien repartió la asamblea de 600 dioses en 300 Igigi para el cielo y otros tantos para el Apsu. Igualmente, un texto, ya muy tardío, del rey asirio Adad-nirari I (1305-1274), dividia el conjunto de los Grandes dioses, en Igigi, “dioses del cielo”, y Anunnaki “de la tierra”.
Los Anunnaki se hallan presentes junto a diferentes divinidades, caso de Anu, su rey, de Ninurta, el primero entre ellos, e Inanna, la cual fue calificada en un precioso himno sumerio como “la Señora llena de espanto de los Anunna”, hieródula a la cual obligan, según el mito, a entregar la vida de otro ser en compensación de la suya para poder abandonar el Infierno. También aparecían junto Ereshkigal, la titular del mundo de los muertos (el Kur), participando con ella y con otros siete jueces infernales en el juicio de los que han llegado a tan tenebroso lugar.
Asimismo, al lado de Sin (Nannar) estaban presentes en diferentes “hemerologias”, en conexión con las fases lunares. Se puede aducir el caso de un ejemplar de tiempos asirios, en el cual el día 29 del mes, denominado “día del nacimiento de Sin”, se determinaban los destinos, participando en el mismo los Igigi y los Anunnaki en el Mas Alla, bajo la presidencia de tal dios.
Bibliografía
- Lara Peinado, Federico. Los Anunnaki y los Igigi. Historia de los sumerios. Editorial Dilema, 2020.

Deja un comentario